La Biblioteca
- 5 mar 2024
- 3 Min. de lectura
“Esto es imposible”- dijo Sheyla en voz alta cuando llegó a la casa del Sr. Manzoto. Ella sabía que las casas de las afueras eran lujosas y extravagantes, pero esta tenía algo particular, no sólo estaba escondida entre dos montañas y un desvío en medio del bosque más tenebroso que vio en su vida, sino que su estilo gótico le recordaba un extraño castillo de Eslovaquia.
Sheyla se dispuso a entrar con la llave que le habían dejado debajo del tapete, tal y como decían las instrucciones que le habían dejado a Clementine, su amiga. Clementine y ella eran compañeras de universidad y pasaban las tardes trabajando en la librería de su tío. A Clementine le habían ofrecido un trabajo no tan común para organizar la biblioteca de un viejo millonario, pero gracias a la multa que se había ganado por chocar su auto, no podía ir, por lo que le pasó el trabajo a Sheyla. Se supone que aquel viejo, llamado en las notas como Dr Manzoto, iba a salir del pueblo durante esa semana, por lo que su familia quería organizar y limpiar la casa, especialmente la biblioteca, el lugar más sagrado y más polvoriento de aquel lugar.
Al principio no parecía un trabajo complicado; Sheyla tenía una rutina perfecta para limpiar bibliotecas como esa: Primero, sacaba todos los libros de un estante, leía el índice, la editorial y trataba de organizarlos alfabéticamente por disciplina. Después de unas cuantas horas de trabajo, Sheyla había organizado ya la mitad de la biblioteca y se disponía a desorganizar el estante más alejado y oscuro del lugar. Agarró el primer libro que le llamó la atención, observó una cubierta morada, un material similar al cuero. Algún instinto la impulsó a leer la primera página que la encontrara a primera vista, y como si fuera mágico, le empezó a atraer la idea de leer un espacio resaltado:
“ Anahab Indotd TabaT”
Le parecía extraño, ya que no reconocía el lenguaje; pensó por un momento que se trataba de una saga fantástica, unas letras inventadas por algún autor, pero al levantar la mirada todo lo fantástico se volvió real. Ahora estaba en un largo bosque, en medio de un pequeño arroyo con escasa vegetación. A Sheyla le pareció haberse quedado dormida, tal vez el exceso de polvo hizo que sus ojos se cerraran y el sueño la venciera. Decidió pellizcar su brazo, pero nada era imaginario, todo era real.
“Con atención” - escuchó una voz a unos metros de distancia. Era una figura extraña, una mezcla de un gusano con piel y patas de araña. La criatura era tan grande como el edificio de su facultad, unos 15 metros de largo, y tan ancha como todo el estante de una de las bibliotecas. Parecía comunicarse de forma telepática, pues no veía ninguna forma humana alrededor de su rostro, solo una boca bifurcada que cortaba todo como unas tijeras.
Con atención, deberás escuchar. Pues soy un espíritu aprisionado.
Y si has escuchado mi llamado, obtendrás la misma maldición.
Para solverlo y salir sin daño, un acertijo has encontrado
Dime entonces, ¿cómo me llamo?
Sheyla estaba desorientada, ¿cómo habría de saberlo? De todas formas, su única opción era creer que el acertijo tenía alguna respuesta. La solución más simple que encontró fue repetir el nombre que había encontrado en la frase que había leído. Aquel palíndromo curioso.





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